Un sismo bíblico

Un edificio colapsado durante el terremoto del
19 de septiembre, 1985, en la Ciudad de México

¿Alguna vez has experimentado un terremoto masivo? Pasar por algo así es traumático. Mi familia y yo estuvimos en la Ciudad de México en septiembre, 1985, cuando el gran terremoto destruyó más de 7,000 edificios y destrozó esa gran ciudad, matando a quizá 30,000 personas (aunque las cifras que el gobierno dio fueron mucho menores). Sismos de gran magnitud siempre interrumpen la vida normal y casi siempre causan cambios permanentes en la vida.

Un sismo tremendo ocurrió al principio de nuestra era, no en un desplazamiento de tierra, sino en el área espiritual.  Y eso produjo un cambio fundamental que debe cambiar nuestra forma de vida hoy en día.

He estado leyendo mucho recientemente en el Antiguo Testamento.  Ayer terminé de leer 1 de Crónicas.  En los últimos capítulos me di cuenta otra vez de una verdad básica en la vida espiritual del pueblo de Dios que sufrió un terremoto increíble por allí del año 30 D.C. Fue una “dislocación” casi total que trastornó completamente la vida religiosa de los judíos.

No sé si te has dado cuenta, pero desde el éxodo de los hebreos de la esclavitud en Egipto había una sola familia que, por decirlo así, “controlaba” toda la vida espiritual de Israel.  Toda la adoración, la dirección de los eventos religiosos, todo, absolutamente todo lo que tenía que ver con la relación del hombre con Dios tenía que hacerse por medio de una sola familia: los levitas.  Y no sólo eso, sino que TODO sacerdote tenía que ser descendiente de una sola rama de los levitas, la rama de Aarón.  Las otras familias dentro de la tribu de Leví se ocupaban de otros aspectos de la vida religiosa:  de los asuntos administrativos, de la seguridad, de la limpieza, de las ofrendas, pero sólo los descendientes de Aarón podrían ser sacerdotes, y fueron ellos los que conseguían el perdón de Dios para todo judío, colectiva o individualmente. Toda comunicación con Dios, todo acto religioso, tenía que ser dirigida por un sacerdote de la tribu de Leví, de la familia de Aarón.

El “sismo” que cambió todo eso fue Jesucristo, quien nació no de la tribu de Leví, sino de la tribu de Judá (la tribu de los reyes) descendiente del Rey David, no de Aarón.  Cuando Jesús escogió a sus doce discípulos (que llegarían a ser líderes en la iglesia cristiana), ninguno de ellos era del linaje levítico, mucho menos de la familia de Aarón. No eran hombres educados ni preparados en asuntos religiosos, sino hombres comunes de muchos diferentes trasfondos. Lo que hizo Jesús al sacudir todo el sistema religioso fue abrir “el sacerdocio” a todo hombre (el derecho de comunicarse directamente con Dios y hablarles de parte de Dios a los hombres). El “sacerdocio” ya no se limitaba a una sola familia “sacerdotal”. El autor del libro de Hebreos en el Nuevo Testamento dice que Jesús combinó en Sí Mismo los dos oficios de Rey y Sacerdote. Traza su sacerdocio al sacerdote Melquisedec, un sacerdote que precedió el sacerdocio de Aarón por miles de años. Abraham, el patriarca de los judíos, acudió a Melquisedec y le dio ofrendas a él al darle gracias a Dios por una victoria militar.

Pedro, uno de esos hombres comunes que Jesús escogió para ser Su discípulo, dijo en 1 Pedro 2:9

Pero ustedes [hablando de los miembros de la iglesia] son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable.  (Nueva Versión Internacional)

Es decir, tú, y los demás miembros de nuestra iglesia, son “sacerdotes”, en el sentido de que Dios quiere que nosotros, Sus hijos, les proclamemos a otras personas “las obras maravillosas” que Dios ha hecho en nosotros al transformarnos por medio de Su Hijo, Jesucristo, y por medio de la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas. Dios quiere que tú y yo sirvamos como instrumentos para que otras personas conozcan a Cristo y crezcan en su vida espiritual.  En términos teológicos, esto se llama el sacerdocio de cada creyente.

Pablo, el apóstol que Jesús llamó para que le llevara el evangelio a la gente que no era judía, explicó más precisamente el papel que todos nosotros, los creyentes comunes, tenemos dentro de la iglesia:

11 Ahora bien, Cristo dio los siguientes dones a la iglesia: los apóstoles, los profetas, los evangelistas, y los pastores y maestros. 12 Ellos [esos líderes] tienen la responsabilidad de preparar al pueblo de Dios [tú y yo] para que lleve a cabo la obra de Dios y edifique la iglesia, es decir, el cuerpo de Cristo. (Efesios 4:11-12) (Nueva Traducción Viviente)

No es que Dios no le ha dado liderazgo a Su iglesia, porque le ha dado los apóstoles, los profetas, los evangelistas y los pastores/maestros.  Pero el cambio sísmico que Dios ha obrado es que ellos tienen la siguiente responsabilidad: preparar a los miembros de la iglesia para que ellos [no los líderes]

lleven a cabo la obra de Dios y edifiquen la iglesia

¿Te das cuenta?  A ti te toca hacer la obra de Dios.  A ti te toca edificar la iglesia (no el edificio, porque la iglesia no es un edificio, sino el grupo de creyentes que se reúnen para adorar y servirle a Dios).

Y tú gritas: “¿¿Que QUÉ??  ¿Que a mí me toca ser el instrumento que Dios usa para transformar la vida de otras personas?  ¿A mí me toca “hacer la obra del ministerio” (como dice la versión Reina y Valera 1960)? ¿Me estás diciendo que a mí me toca ayudarles a otros en la iglesia a crecer espiritualmente? ¡No’mbre!”

¡Ah ha! Ahora estás dándote cuenta de lo que significa ese terremoto gigantesco que Jesús causó en la vida espiritual de Su pueblo. ¡Y tú pensabas que al pastor le tocaba hacer todo eso!

¡Nel! ¡Nones! ¡Equivocado! – Eso nos toca a nosotros, los que no somos profetas, evangelistas ni pastores/maestros.  El trabajo de todos estos líderes es prepararnos para que sepamos edificarnos los unos a los otros.  Aquí es donde entran los grupos pequeños de estudio bíblico en la vida de la iglesia, porque durante los servicios de la iglesia los domingos no hay provisión para que tú y yo les ayudemos a otros a crecer espiritualmente (hacer la obra de Dios y edificar la iglesia).  ¡Cuántas veces hemos escuchado a nuestro pastor, Raudel, decir que la vida cristiana se vive en comunidad!  “Vivir en comunidad”, no se logra en los servicios de adoración/predicación porque allí nadie habla, excepto el liderazgo que Dios nos ha dado. Tú, sentado allí, callado, escuchando, no puedes hacer lo que a ti te toca como miembro del cuerpo de Cristo.

Hay unos verbos que aparecen a lo largo las Epístolas del Nuevo Testamento, que te pueden iluminar en cuanto a tu trabajo de “hacer la obra del ministerio y edificar el cuerpo de Cristo”.  Esos verbos en el griego son todos verbos reflexivos en que la acción del verbo se lleva a cabo en dos direcciones, “los unos a los otros”, es decir yo te lo hago a ti, y tú me lo haces a mí:

  • amarse
  • animarse
  • servirse
  • amonestarse
  • alentarse
  • edificarse
  • motivarse
  • perdonarse
  • soportarse
  • Preferirse (los unos a los otros)
  • asociarse (con los humildes)
  • someterse (los unos a los otros)
  • considerarse (a los otros como superiores a ustedes mismos)
  • ayudarse (a llevar los unos las cargas de los otros)
  • decirse (la verdad unos a otros)
  • confesarse (los pecados unos a otros)
  • Orar (los unos por los otros)

Estos verbos son el “quehacer” diario de los grupos pequeños de estudio bíblico.  Es en estos grupos pequeños que la iglesia funciona como una comunidad de fe.  Si lo único que estás haciendo es asistir a los servicios de los domingos, no estás disfrutando de la riqueza de lo que es vivir en comunidad . . . y como consecuencia no puedes hacer lo que a ti te toca: ministrarles a otros y edificar el cuerpo de Cristo (la iglesia).

Te invito a que busques un grupo de estudio bíblico cerca de donde vives y te integres en él para empezar a ejercer tu sacerdocio para el bien de los otros, y para que ellos también te pueden edificar.  Si no encuentras un grupo pequeño cerca de tu casa, hable con Juan Mora (919) 791-5847 para ver cómo se puede organizar un grupo en tu área de la ciudad.

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