Proceso Corbata

Viendo el Proceso
Como una Corbata de Moño

En los años que estuvimos trabajando en evangelismo y discipulado de estudiantes universitarios, entrenamos a muchos estudiantes cristianos en el arte de compartir acerca de Jesús. Uno de los materiales muy útiles que usamos fue el Seminario Misión Comparte por Milt Hughes. El material fue traducido del inglés al español por Janet Haylock y Brad Gray para el Ministerio Estudiantil Bautista de la Convención Nacional Bautista de México. Milt Hughes usa una ilustración que ayuda a entender el proceso que uno debe usar si toma en serio la necesidad de producir discípulos, y no sólo conversiones. Milt llama la ilustración “La Corbata de Moño”. Algunas de las ideas en esta ilustración provienen de la Epístola a los Colosenses, capítulo 4, versículos 2 al 6:

“Dedíquense a la oración: perseveren en ella con agradecimiento y, al mismo tiempo, intercedan por nosotros a fin de que Dios nos abra las puertas para proclamar la palabra, el misterio de Cristo por el cual estoy preso. Oren para que yo lo anuncie con claridad, como debo hacerlo. Compórtense sabiamente con los que no creen en Cristo, aprovechando al máximo cada momento oportuno. Que su conversación sea siempre amena y de buen gusto. Así sabrán cómo responder a cada uno.” (NVI)

La Corbata de Moño


Preparación Espiritual Personal
Aunque la mayoría de los estudiantes que toman este curso probablemente son líderes en sus iglesias, y quizá algunos pensarían que no sería necesario ocupar tiempo en el curso analizando su condición espiritual, mi experiencia me indica que no podemos tomar como un hecho la salud espiritual de todos los líderes.

Debido al hecho de que más y más estamos trabajando con cristianos de tercera, cuarta, quinta, y aún más generaciones de cristianos, en algunos casos estamos trabajando con personas para las cuales el cristianismo es un asunto de cultura, no necesariamente de una experiencia personal. Una de las expresiones favoritas de mi esposa es, “Dios no tiene nietos.” con la cual ella quiere decir que el hecho de que la mamá de uno, o el papá de uno, sea un cristiano renacido, no significa que naturalmente uno es un hijo renacido de Dios. Cada persona tiene que llegar al punto en su vida en que toma la decisión de entregar el control de su vida a Jesucristo, invitarlo a entrar en su vida y transformarla. Si uno no ha nacido de nuevo, difícilmente podrá ayudarle a otra persona a experimentar esta transformación.

Pero más allá de la necesidad de un nacimiento nuevo, cualquier persona que quiere compartirle de Jesús a otras personas, deberá estar viviendo una vida de vitalidad y crecimiento espiritual. El deseo de compartir de Jesús, y la habilidad de hacerlo eficazmente, es producto de un caminar a diario con Jesús, de estar en una relación estrecha y emocionante con Él que le motive a compartir con otros lo que Jesús está haciendo en su propia vida.

Un Tiempo a Diario con Dios
Parte de una relación personal con Cristo que le motiva a uno a compartir su fe con otros tiene que ver con un tiempo diario consistente en que pasa tiempo en la Palabra y en la oración: lo que muchos llaman un Tiempo Devocional. Una palabra de consejo a los estudiantes que sean pastores: estoy hablando de algo diferente al tiempo que usted pasa en la preparación de sus sermones o de algún estudio bíblico que dirige. La preparación de mensajes y estudios, aunque puede ser muy beneficiosa, y hasta emocionante, es lo que podríamos llamar su “trabajo”, lo que se espera de usted como pastor o líder. Puede ser más académica de lo que es un Tiempo Devocional. El Tiempo Devocional es el tiempo que usted pasa con la Persona a quien ama. Es un tiempo muy personal, muy íntimo en que Dios le habla al corazón y usted le habla a Dios. Es una conversación bi-direccional en la que se goza de la Presencia del Señor, en la que recibe apoyo y amor de Él, en la que Él le llama la atención y le da dirección para la vida . . . la vida suya, no la de los miembros de la iglesia . . . y en la que usted conversa con Dios.

Cuando una persona está enamorada locamente, anda hablando de la persona a quien ama todo el tiempo. Una de las razones que muchos miembros de nuestras iglesias no se sienten motivados a testificar es que no están en una relación viva y amorosa con el Señor. Si estuviera en tal tipo de relación, su testimonio les saldría por lo codos, como un enamorado hablando de la persona a quien ama.

Jesús en Juan 4:13-14 dijo,

“—Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed —respondió Jesús—, pero el que beba del agua que yo le daré, no volverá a tener sed jamás, sino que dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna.”

Para que haya un manantial de agua que brote de su interior, es necesario beber a diario del agua que Jesús da. Esa agua sacia la sed de uno a tal punto que satisface sus propias necesidades, llena su vida de paz y gozo, y brota hacia fuera. Aún en momentos cuando el creyente no tiene paz y gozo en su vida, si está pasando consistentemente tiempo con su Señor, va a reflejar a los en su derredor una calidad de vida atractiva, a pesar de las circunstancias. Las personas que tienen ese tipo de relación con el Señor irradian algo que es muy atractivo para las personas con quienes tienen contacto.

Me acuerdo de mi experiencia cuando yo era estudiante de nuevo ingreso en la universidad. Venía de una familia muy religiosa, y hasta yo era líder en la iglesia. Pero por dentro estaba podrido. Mantenía una fachada de religiosidad, pero mi vida y pensamientos interiores estaban viciados con el pecado. Durante el segundo semestre en la universidad empecé a notar a un estudiante de la Facultad de Administración de Empresas cuya vida era muy diferente. Durante varias semanas sutilmente iba observándolo para ver qué era que lo hacía tan diferente. Al no poder entenderlo, un día me senté a su lado en la cafetería de la universidad y le dije, “No me conoces, pero he estado observándote por varias semanas y quisiera saber qué es lo que tienes que yo no tengo. Supuestamente yo soy un buen cristiano, un líder en la iglesia, pero hay algo muy diferente en tu vida. ¿Qué es?” Jorge se rió y me dijo, “No sé, pero vamos a hablar un poco para ver si podemos descubrir la respuesta a tu pregunta.” Me invitó a estudiar la Biblia con él para ver si podríamos determinar cual era la diferencia. En menos de dos semanas yo ya había identificado la diferencia: él tenía una relación viva con Jesucristo y yo tenía la religión de mi padre.

Jorge, temprano cada mañana, antes de comenzar sus estudios o asistir a clases, pasaba un tiempo a solas con Dios, leyendo su Biblia y orando, buscando de Dios la dirección para ese día, y la fuerza necesaria para ser un buen discípulo. Su vida daba evidencia de esa relación. Para mí, y para muchos estudiantes, esa calidad de vida era muy atractiva. De su interior fluían manantiales que brotaban vida eterna. Muchos estudiantes llegaron a conocer personalmente a Jesucristo por medio de la vida y testimonio de Jorge. Su amor y apoyo incondicional era para muchos el primer sabor del amor incondicional de Dios.

El éxito que usted tendrá en el evangelismo bíblico dependerá de este tipo de relación, porque el tema de muchas de sus conversaciones con personas en el trabajo, en la escuela, en la comunidad inevitablemente tocará esa relación suya con Dios. Si usted vive emocionado todos los días de su relación con Cristo, las personas que lo rodeen van a darse cuenta, y le van a preguntar por qué usted es así.

Una de las tareas de esta semana es compartir con Grupo de Estudio Bíblico (GEB) cuál es su práctica en el campo de un Tiempo Devocional. Por favor, sea honesto. Si no logramos una transparencia en los GEBo, no podremos ayudarnos los unos a los otros. La información que comparta con su(s) compañero(s) será confidencial, y le(s) servirá para saber orar mejor por su vida espiritual.

Confianza en las Promesas de Dios
El segundo tema que quisiera tocar en esto de la Preparación Espiritual Personal tiene que ver con la confianza que uno puede tener en la estabilidad de su relación con Dios. ¿Cómo sabe usted que de veras tienes una relación personal con Dios, de que es salvo(a)? ¿Cómo sabe si su relación con Dios va bien, o necesita mejorar? La falta de una seguridad en este campo mina el testimonio de muchas personas.

Unos seis meses después de que nací de nuevo en ese primer año de la universidad, empecé a discipular a Antonio, un estudiante prepatoriano que vivía en un pueblo a unos 45 minutos de distancia. Era jugador de fútbol y su equipo siempre jugaba los viernes por la noche. Yo trabajaba en el periódico matutino principal de esa área y me daba cuenta cada viernes por la noche del resultado de esos juegos. Me reunía con él los lunes después de la escuela porque era mi día libre. Pero desde el viernes en la noche yo sabía en qué condición espiritual lo iba a encontrar. Si su equipo ganaba, sabía que él iba a estar a todo dar con Dios, feliz, positivo, seguro de su caminar con Dios. Pero si su equipo perdía, yo sabía que el lunes lo iba a encontrar completamente derrotado espiritualmente, dudando de su salvación, y sintiendo que su relación con Dios andaba mal.

El problema de Antonio era que su percepción del estado de su relación con Dios dependía de su estado emocional, no de las promesas de Dios. Como sus emociones subían y bajaban según sus circunstancias, vivía una inestabilidad horrible en su caminar con Dios. No tenemos que estar a la merced de nuestras emociones cuando de nuestra relación con Dios se trata.

El Apóstol Juan en I de Juan 5:10-13 dice,

“Aceptamos el testimonio humano, pero el testimonio de Dios vale mucho más, precisamente porque es el testimonio de Dios, que él ha dado acerca de su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios acepta este testimonio. El que no cree a Dios lo hace pasar por mentiroso, por no haber creído el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. Y el testimonio es éste: que Dios nos ha dado vida eterna, y esa vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida. Les escribo estas cosas a ustedes que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna.” (NVI)

Tenemos que aprender a basar nuestra evaluación de nuestra relación con Dios sobre las promesas de Dios, no sobre nuestras emociones. ¿Qué dice Dios? “El que tiene al Hijo, tiene la vida.” Si hemos invitado a Jesucristo a entrar en nuestra vida, según Apocalipsis 2:20, él entra. Y si tenemos a Cristo en nuestra vida, tenemos vida eterna. Esa es la promesa de Dios. El hecho de que “no siento que Dios me haya perdonado” nada tiene que ver. Si nosotros cumplimos con lo que Dios pide (creer), Dios es fiel a su palabra. No tenemos que vivir nuestras vidas inseguros en cuanto a si nos vamos a salvar o no. El Apóstol Juan escribió su primera epístola “para que sepan que tienen vida eterna.”

Tuve que enseñarle a Antonio, cuando empezaba a dudar de su relación con Dios, que 1) examinara su vida para ver si había algún pecado que necesitaba confesar. 2) Si había pecado, debía confesarlo y reclamar el perdón de Dios basándose en I Juan 1:9. Si no había pecado que confesar, 3) debía regresar a las promesas de Dios y clavar sus dudas con esas promesas, creyendo que Dios siempre cumple lo que promete.

Estas verdades nos enseñan que debemos basar nuestra fe sobre los hechos . . . los hechos de las promesas de Dios, no sobre las emociones. Cuando hacemos esto, las emociones se alinean con los hechos. Pero si basamos nuestra fe sobre nuestras emociones, nunca podremos tener una vida espiritual estable. Esto se ha representado de esta forma:

Confianza en los ‘hechos’


basamos nuestra fe sobre esos hechos (promesas en la Biblia). La fe basada sobre las promesas de Dios transforma nuestras emociones. A menos que usted tenga bien afianzadas estas verdades es su vida, su vida cristiana estará tan inestable que probablemente su testimonio será inefectivo.

Un Crecimiento Equilibrado
Jesús mismo nos da la pauta cuando se trata de un crecimiento equilibrado. En Lucas 2:52 dice de él, “Jesús siguió creciendo en sabiduría y estatura, y cada vez más gozaba del favor de Dios y de toda la gente.” El desarrollo de Jesús fue equilibrado en por lo menos cuatro campos: en el campo intelectual, en el campo físico, en el campo espiritual, y en el campo social. Y si nosotros queremos dejar huella en la vida de otras personas debemos equilibrarnos en esos mismos campos. No que Dios no pueda usar a una persona fanática en cualquiera de estos campos. Sí lo hace a veces. Pero por lo general las personas bien balanceadas tienen más oportunidades para influenciar a otras personas para Cristo porque son “normales”, es decir, no son gente “rara”. En forma general la gente se siente atraída a personas normales, no a personas fanáticas, o personas desequilibradas.

El cristiano no tiene que cometer suicidio intelectual para ser un discípulo de Cristo. Debe prepararse de tal forma que sepa explicar o defender su fe aún en círculos intelectuales. El cristiano también debe cuidar y desarrollar su cuerpo físico porque es el templo del Espíritu Santo y sin buena salud se acorta las oportunidades que Dios nos podría dar. Por supuesto, el cristiano debe desarrollar su vida espiritual. Y si el cristiano quiere tener un campo amplio para compartir su fe con otras personas, tendrá que cultivar sus habilidades sociales e ir expandiendo los círculos concéntricos de relaciones sociales. Uno de los problemas más serios que detecto en muchas comunidades cristianas es la tendencia de aislarse de la cultura y de los no creyentes de tal forma que les es muy difícil relacionarse socialmente con ellos. De ese punto hablaremos mucho más extensamente más adelante en el curso.

Experiencia Interna/Experiencia Compartida
Una buena representación gráfica de todo lo que hemos estado diciendo sobre la Preparación Espiritual Personal sería lo siguiente:

Experiencia Interna-Externa


Las flechas blancas hacia adentro representan nuestra preparación espiritual personal que nos capacita para un ministerio con otras personas (las flechas negras hacia fuera) El ministerio de evangelismo fluye como resultado natural de nuestra relación personal, a diario, con Dios. En forma general la calidad del ministerio hacia fuera (experiencia compartida), incluyendo el evangelismo, dependerá de la calidad de la experiencia interna (relación a diario con Dios). Durante esta semana usted va a compartir con la(s) persona(s) de su grupo de trabajo en estos dos campos: su experiencia interna (su relación a diario con Cristo en su Tiempo Devocional), y su experiencia compartida (lo que usted comparte con otras personas como resultado de su relación con Cristo). Debe haber un balance, un equilibrio entre su relación personal con Cristo y sus actividades y ministerios para con otras personas. La segunda fluye de la primera. Su desarrollo social con el propósito de compartir de Jesús debe ser el resultado natural de su tiempo a solas con Dios todos los días, un rebosar de aguas de vida que resulta del agua de la vida que recibe usted de Jesús.

Ministerio a Fondo

La última parte del pasaje que citamos al principio de este sesión, Colosenses 4:2-6 dice: “Compórtense sabiamente con los que no creen en Cristo, aprovechando al máximo cada momento oportuno. Que su conversación sea siempre amena y de buen gusto. Así sabrán cómo responder a cada uno.”

El Apóstol Pablo aquí está hablando de cultivar relaciones personales con personas que no creen en Cristo con el fin de compartir las Buenas Nuevas. Nos dice que debemos “comportarnos sabiamente” para con ellos. Debemos cultivar esa relación a diario con Dios de la cual hemos estado hablando para que la sabiduría de Dios sea evidente en nuestra forma de ser. La amonestación de Pablo también incluye la idea de que debemos cuidar nuestro testimonio y literalmente nuestra forma de hablar (conversar) de manera que nuestra forma de ser y la forma en que hablamos abran puertas hacia el testimonio.

Aprovechar al máximo cada oportunidad
Debemos “aprovechar al máximo cada momento oportuno.” Parte de lo que deben hacer con las tres personas con quienes quieren compartir las Buenas Nuevas es buscar oportunidades de compartir su vida con ellos. Usted debe cultivar una mentalidad de estar siempre buscando ocasiones para estar con ellos. Esas ocasiones pueden ser actividades en que ellos ya están participando y en las cuales usted también puede participar, o pueden ser actividades en que usted ya está participando y a las cuales les puede invitar, o pueden ser actividades que usted “inventa” para que juntos puedan hacer algo de interés o agrado para los dos.

El Centro Estudiantil donde mi esposa y yo trabajábamos con estudiantes universitarios tenía una cancha deportiva en la parte posterior de la propiedad. La Directora de Deportes de la Facultad de Odontología (facultad que estaba ubicada exactamente en frente de nuestro Centro) llegó un día para pedir permiso de usar nuestra cancha de voleibol para los entrenamientos del equipo de voleibol de la facultad. Con gusto se la prestamos. Yo aproveché las prácticas del equipo para conocer a los miembros del equipo. Empecé a asistir a todos los juegos del equipo para echarles porras. Para ser honesto, yo tenía mucho “trabajo” que hacer y no me hacía falta estar asistiendo a juegos de voleibol. Pero como a mí me interesaba cultivar amistades con los jugadores, modifiqué mi horario en muchas ocasiones para estar presente.

Poco a poco iba fijándome en un jugador de muy baja estatura pero que tenía un espíritu competitivo muy grande. Me llamó la atención el hecho de que un equipo de esa calidad incluyera a una persona de tan baja estatura, pero era evidente que lo hicieron a base de su espíritu. La confianza de la entrenadora en él no fue mala decisión, porque resultó ser uno de los mejores jugadores. Yo no tenía nada en común con ese joven. Yo era un hombre norteamericano de unos 45 años de edad sin ni una pinta de atleta. Era un misionero evangélico, casado, con cuatro hijos. El era un joven mexicano de unos 20 años, muy atlético, soltero, católico, mujeriego, alcohólico. Pero yo tenía que buscar la forma de entablar una relación con él si quería que conociera al Cristo que había transformado mi vida. Así que aprovechándome de la incongruencia de un jugador de voleibol de tan baja estatura, me acerqué a Alberto un día después del partido para preguntarle cómo fue que llegó a formar parte del equipo. Él me había visto en las prácticas y en muchos de los juegos, y siempre lo había saludado, pero nunca habíamos hablado. Esa conversación duró quizá unos 5 minutos. Otro día cuando estuvo en nuestro Centro para la práctica del equipo, le hablé otra vez y le pregunté sobre sus intereses además de odontología y volibol. Me contó que él y sus dos hermanos tenían un grupo de música latinoamericana. Alberto tocaba la flauta andina en el conjunto. ¡Ya había encontrado algo en común entre nosotros! Me gusta la música latinoamericana y en algunas actividades en el Centro Estudiantil usábamos música popular como parte de la programación. Así que lo invité a venir algún día con sus hermanos para tocar por nosotros.

No me acuerdo exactamente en qué época llegaron para tocar, pero en un momento los estudiantes de la universidad declararon una huelga y se cancelaron las clases. Fue precisamente en esos días cuando llegó un grupo de estudiantes cristianos de una universidad en los EE.UU. Llegaron para evangelizar en la universidad, pero no había nada que pudieron hacer porque no había clases en la universidad. Así que en desesperación decidimos inventar una fiesta en nuestra casa, e invitamos a los tres estudiantes a tocar música latinoamericana para los norteamericanos. Llegaron medio tomados, con plan de invitar a las chicas a bailar, y mostraron muy confianzudos con ellas. En fin, era un poco incómodo. Pero las muchachas cristianas, aún al rechazar el contacto físico que buscaban, se portaron muy amables con ellos. Unas semanas después Alberto llegó a mi oficina para hablarme. Estaba confundido, desconcertado, perturbado por lo que había pasado esa noche en nuestra casa. Se disculpó conmigo por haber llegado medio borracho y por la forma en que él y sus hermanos se habían comportado con las muchachas. Pero lo que le intrigaba era la forma amable en que ellas reaccionaron hacia ellos. Hubiera esperado un rechazo total. Hubiera esperado palabras ásperas tanto de ellas como de mí. Habían pasado varias semanas meditando sobre qué tipo de mujeres podrían rechazar sus avances, pero amablemente y siempre mostrando interés en ellos como personas.

Empezó en ese momento una conversación que duró varios meses en que él y sus hermanos hablamos de muchos temas relacionados con nuestra fe en Cristo, pero especialmente sobre si era posible tener un matrimonio feliz y lleno de gozo. Nos habían estado observando como esposos y como familia. Un día Alberto me comentó, “Lloyd, yo había perdido la esperanza de jamás tener un matrimonio feliz. Había decidido que todos los matrimonios son igual de tristes y desastrosos que el de mis papás. (Sus padres estaban divorciados.) Pero después de observar a esas chicas, y de observarlos a usted y a Wilma, me está empezando otra vez la esperanza de que quizá será posible ser feliz en el matrimonio.”

Nos duró varios meses lograr que ellos aceptaran estudiar la Biblia con nosotros, pero por fin empezamos un estudio con ellos. Quisieron que su mamá también participara, así que íbamos cada semana a la casa de ella para estudiar el Evangelio de Juan. Con el paso del tiempo los tres hermanos, su mamá, su papá, la nueva esposa del papá, todos se entregaron al Señor. Los tres hermanos, en espacio de unos tres años, se casaron con muchachas cristianas activas en nuestro ministerio estudiantil, encontrando así el cumplimiento de ese sueño que pensaban haber perdido.

A veces uno no encuentra una actividad en que la otra persona está participando en la cual uno también puede participar, y será necesario “inventar” algo. En una época de mi ministerio decidí aprovechar la pesca submarina (esnórquel) como una actividad en que yo podía participar con estudiantes no creyentes. A veces hemos inventado viajes para acampar para invitar a jóvenes no cristianos. Estos tiempos juntos proveen muchas oportunidades para compartir nuestra vida como una técnica de evangelismo.

Uno de mis proyectos actuales es buscar la forma de entablar relaciones significativas con mis vecinos en la urbanización nueva donde construimos nuestra casa. Supe que uno de mis vecinos forma parte de un equipo aficionado de jockey y estoy esperando la oportunidad para ir a verlo jugar. Otro vecino es profesor de drama en una universidad cercana y estamos planeando ir a ver su próxima producción. De esta misma forma usted debe estar buscando actividades cotidianas en que puede participar con las personas a quienes quiere testificar. Esto es lo que el Apóstol Pablo quiere decir con “aprovechando al máximo cada momento oportuno”.

Una conversación amena y de buen gusto
Pablo dijo, “Que su conversación sea siempre amena y de buen gusto. Así sabrán cómo responder a cada uno.” Durante estas oportunidades cuando pasamos tiempo junto con nuestros amigos no creyentes debemos usar conversaciones naturales para explicar nuestra vida, nuestras actitudes, nuestros sueños, “en función de Jesús”. Es decir, nuestra relación con Jesús es lo que da significado a nuestra vida. Es la obra de Dios en nuestra vida lo que produce actitudes muy diferentes a las de la mayoría de los no creyentes. Nuestras metas, nuestros sueños, son todos productos de nuestra relación con Dios. Al ir compartiendo actividades debemos hablar naturalmente de estas cosas y cuando nos preguntan, podemos explicar cómo es que llegamos a ser como somos. Tal calidad de vida es algo que pocos no creyentes han experimentado en sus propias vidas, y la calidad que Jesús le da a una vida les es muy atractiva a personas que más que nada conocen derrota, frustración, desilusión, o simplemente vidas tediosas sin propósito. Al observar nuestra forma de ser y escuchar breves explicaciones de por qué somos así, van a surgir preguntas en sus mentes. Eventualmente nos van a preguntar sobre aspectos de nuestra vida que les interesan. Al hacer esas preguntas nos dan permiso para hablar más detenidamente de las cosas precisas que queremos compartir con ellos. Momentos así abren la puerta para invitar a un amigo a estudiar lo que la Biblia dice sobre tal o cual tema, o a investigar con nosotros lo que la Biblia dice sobre ese hombre tan singular en la historia, Jesús de Nazaret.

Otro elemento de este Ministerio a Fondo es la oportunidad que tenemos para servir a nuestros amigos, ya sea por medio de suplir alguna necesidad física o emocional o para orar por alguna necesidad que ellos nos expresan. La mayoría de la gente no ha tenido la experiencia de que alguien ore por una necesidad en su vida. Si ellos nos dan permiso para “servirles” por medio de orar por ellos, eso también nos abre la puerta para volver donde ellos después para preguntar cómo les ha ido en ese aspecto de su vida. Servirle a un amigo puede ser tan sencillo como ayudarlo en alguna reparación en su casa o automóvil, o enseñarle a cocinar una comida que le gustó en nuestra casa. Puede ser llevarlo a algún lado cuando su carro está en el taller, u ofrecer cuidar a sus niños para que la pareja tenga una noche libre para “una cita”. Invertir su vida en la de otra persona es una forma poderosa de mostrar amor desinteresado, y algo que pocas personas han experimentado fuera del contexto de una iglesia.

Dependiendo de la reacción y confianza que ellos le dan, pueden aprovechar alguna conversación para invitarlos a asistir a la iglesia con usted, o a un estudio bíblico en alguna casa, si su iglesia usa células. Pero no se debe desanimar si declinan, o si dicen que sí, pero luego no van. No debemos presionarlos, sino dejarles saber que los echamos de menos, y continuar la relación sin mayor presión. Lo importante es llegar a ser buenos amigos y que esa amistad dé oportunidades para continuar mostrando lo que Dios hace en la vida de usted y los cambios que son producto de su fe.

Testimonio Verbal

Si revisan la ilustración del Moño de Corbata, se darán cuenta de que el Testimonio Verbal no es un punto, sino un óvalo. Lo dibujamos así para ilustrar que el testimonio verbal no es un evento, sino un proceso. Puede haber momentos en que usted comparte su testimonio personal, o alguna presentación resumida de las Buenas Nuevas, pero el testimonio verbal no se limita a esas formas “tradicionales” de evangelizar. De hecho, el testimonio verbal seguramente empezará paulatinamente durante las actividades del “Ministerio a Fondo”, y no habrá una línea bien marcada entre ese ministerio a fondo y el testimonio verbal.

El testimonio verbal puede incluir muchas diferentes actividades. Conocemos muy bien elementos como el testimonio personal y una “presentación del evangelio”. Una forma favorita mía de presentar el evangelio, acompañada de ilustraciones gráficas, será estudiada durante otra sesión de este proceso. Seguramente durante el proceso del testimonio verbal utilizará estudios bíblicos evangelísticos, estudios bíblicos sobre temas de interés al no cristiano, conversaciones largas y tendidas sobre muchos diferentes temas de la fe, posiblemente asistirán a conferencias sobre temas como el matrimonio, o cómo tener éxito en la vida. Pueden participar en retiros de parejas, asistir a cultos, y un sin fin de otras actividades que llevan a compartir algún elemento de la fe en Cristo.

Esta etapa puede durar dos o tres semanas, o probablemente mucho más tiempo . . . hasta un año, un año y medio. Será necesario pedir mucha sabiduría de Dios para no intentar cosechar el fruto del evangelismo antes del tiempo. Una presión para “hacer una decisión por Cristo” antes de que la persona esté lista para comprometerse con Cristo resultará en un aborto, no un nacimiento nuevo. Encontrar el balance delicado entre animar a la persona a tomar la decisión de comprometerse con Cristo y esperar para que el Espíritu lo atraiga a la fe requerirá de la habilidad de buscar de Dios dirección sobre el momento oportuno. Requerirá aprender a balancear su sentido de que es urgente que la persona se entregue a Cristo y la comprensión de que presionarla a hacerlo puede resultar en un aborto. No hay respuestas predeterminadas en esto. Es asunto de depender mucho del Espíritu y Su sabiduría.

En lo que resta de este entrenamiento, el proceso del testimonio verbal recibirá bastante énfasis.

La Pediatría Espiritual

Realmente todo el campo de la pediatría espiritual, o el seguimiento que se le da a una persona que hace una decisión de entregar su vida a Cristo, está más allá de lo que podemos tratar en este entrenamiento. Podríamos tener todo un curso sobre el tema de la pediatría espiritual.

Aquí sólo quiero dejar en claro que el evangelismo no termina con una decisión de invitar a Cristo a entrar en la vida, así como tampoco la procreación física no termina con el nacimiento de un bebé sano. Procrear a hijos espirituales para luego dejarlos abandonados, sin trabajar personalmente con ellos sobre su crecimiento espiritual es un crimen, pero desafortunadamente es un crimen muy común en nuestras iglesias evangélicas.

Mis conversaciones con cientos de pastores sobre cómo trabajar con nuevos creyentes me han convencido de que la mayoría de los pastores piensan que lo que los nuevos creyentes necesitan es preparación doctrinal. Si una iglesia siquiera tiene algún programa para nuevos creyentes casi siempre es una clase doctrinal que adoctrina al nuevo creyente en las creencias de esa denominación. ¡Pero esa no es la necesidad más urgente de un nuevo creyente! Las necesidades más urgentes de un nuevo creyente tienen que ver con cómo sobrevivir espiritualmente. La doctrina la recibirán domingo a domingo al escuchar los sermones del pastor. Pero necesita ayuda urgente, empezando dentro de las primeras 48 horas después de su conversión, sobre cómo sobrevivir todo lo que les viene encima como resultado de esa decisión por Cristo.

Así como todo bebé físico tiene ciertas necesidades comunes en las primeras semanas y meses después de su nacimiento, así el nuevo creyente tiene ciertas necesidades comunes, no importa si es profesor universitario o un jornalero sin educación, el presidente de un banco o una persona muy pobre. Y la iglesia tiene que planear su trabajo con el nuevo creyente para darle las herramientas necesarias para asegurar su buen desarrollo espiritual.

Cada bebé necesita por lo menos las siguientes cosas:

  • Alimento
  • Protección
  • Amor y cariño
  • Entrenamiento
  • Disciplina
  • Un hogar

Podríamos decir que cada nuevo creyente necesita las mismas cosas en el campo espiritual. Los campos en que la iglesia trabaja con los nuevos creyentes deben incluir esos temas. Aquí no tenemos tiempo para desarrollar cada uno de esos temas, pero hay bastantes materiales disponibles en esos campos. Si no encuentran materiales que les gusten, siempre pueden crear sus propios materiales, o modificar materiales ya existentes para que suplan las necesidades de sus nuevos creyentes.

Una palabra final: La forma básica de criar a nuestros propios hijos es de uno-a-uno. La forma natural de criar a hijos espirituales es de uno-a-uno. La iglesia puede programar clases para nuevos creyentes, y es bueno ese tipo de actividades. Pero nunca deben sustituir el trato personal de un padre espiritual que discípula a un hijo espiritual, o una madre espiritual que discípula a una hija espiritual. Si prefieren hablar de “mentores” espirituales, está bien. Pero la función de un cristiano más maduro que vela por el buen desarrollo de un nuevo creyente es muy importante. Es un arte que mayormente se ha perdido en la iglesia moderna, pero un arte que tenemos que recuperar.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *