Joyas de la Vida

De Esto Podemos Estar Seguros

Ayer estuve leyendo en Génesis 24 el relato de la selección de una esposa para Isaac, hijo de Abraham y Sara, el hijo de la promesa de Dios.  Génesis 24 relata las instrucciones que Abraham le dio a su siervo en cuanto a cómo conseguirle una esposa a su hijo.  Le dijo que fuera al pueblo de donde él (Abraham) había salido para buscarle una esposa de entre sus parientes.  La versión Traducción en Lenguaje Actual de la Biblia dice así:

5 Pero el mayordomo le contestó:

—¿Y qué pasa si la mujer no quiere venir conmigo a esta tierra? ¿Debo entonces llevar a tu hijo para que él mismo la busque?

6 Y Abraham le dijo:

—¡Más te vale que no lo hagas! 7 Cuando el Dios del cielo me pidió que dejara la casa de mi padre y mi país, me prometió bajo juramento que esta tierra se la daría a mis descendientes. Así que él enviará delante de ti a su ángel, para que encuentres allá una esposa para mi hijo.

Me llamó la atención el versículo 7.  ¿En algún lado Dios le había prometido que su futura nuera vendría sin problema a la tierra prometida?  ¡No! Pero Abraham tenía una convicción profunda de que si Dios le prometió que esa tierra pertenecería a sus descendientes, Dios haría todos los arreglos para que la futura esposa de su hijo viniera a habitar con su hijo en la tierra prometida.

Hay ciertas cosas que cuando Dios las dice, podemos confiar en una serie de hechos que se desprenden de lo dicho por Dios, porque Dios siempre cumple sus promesas.  En este caso, a Abraham le fue obvio que, como consecuencia de la promesa de Dios de que a él y a sus descendientes les daría esa tierra, a él le fue obvio también que Dios arreglaría las cosas para que la futura esposa de su hijo también estuviera dispuesta a abandonar a su país y a su familia para venir a la tierra prometida.

El Apóstol Pablo también usa esta misma lógica, partiendo de una cosa conocida para llegar a una conclusión  en la cual él confiaba:

31 ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra?32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros,¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas?” (Romanos 8:31-32)

¿A qué se refiere Pablo cuando dice, “¿Qué diremos frente a esto?”  Se refiere a lo que dice en los versículos anteriores:

28 Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo ama, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.29 Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.”

Hay algo de que todo cristiano puede estar seguro:  Todo lo que nos sucede, cualquier cosa que nos afecta para bien o para mal, Dios lo puede usar para nuestro bien, porque si Dios estuvo dispuesto a pagar el precio tan alto de sacrificar a su propio Hijo para nosotros, es lógico que Él arreglará hasta las cosas peores para que contribuyan a lo que Él está haciendo en nosotros: conformando nuestro carácter y nuestra forma de ser a la de su Hijo, Jesucristo.  Si pagó un precio tan alto para hacernos sus hijos, ¿qué tan difícil puede ser creer que Él está en control de todo lo que nos ocurre?

Esto me hace pensar en el cuarto elemento de la “Oración del Evangelio” de la cual tanto hemos hablando en meses recientes:  “Al orar, mediré Tu compasión por la cruz, y Tu poder por la resurrección.”

Cuando vamos en oración a Dios desconcertados por lo que nos está sucediendo, y quizá hasta dudando de que Dios esté en control, recordemos estas dos verdades: la prueba de que Dios me quiere es que estuvo dispuesto a castigar a su Hijo por mí en la cruz, y la prueba de que Él puede hacer cualquier cosa por mí es el poder que manifestó al resucitarlo de la muerte.  Si me ama tanto, y si tiene tanto poder, ¿por qué voy a dudar de que Él está en control?

Lloyd Mann

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