Intelecto, Emociones y Voluntad

Hace un tiempo en el estudio bíblico de los estudiantes y profesionales latinos empezamos el tercer estudio del Evangelio de San Juan.  La Nota al pie de la primera página dice: “Creer es más que sentir o aceptar que algo es verdad.  Una fe madura es un acto del intelecto, una convicción basada en una investigación personal de los hechos.  Es un acto de la voluntad también; basado en esa convicción, decidimos creer y vivir lo que creemos.”

Esta nota llevó al grupo a una discusión sobre el papel del intelecto, las emociones y la voluntad en el “creer bíblico” o “tener fe” en el sentido bíblico de la palabra.

A continuación comparto algunos pensamientos que vimos ayer:

Involucrando a la Personalidad Completa

Al principio de mi ministerio entre latinoamericanos luché con varias  dificultades.  Luché especialmente con el problema del vocabulario tan similar entre lo que yo les decía a los estudiantes universitarios y lo que ellos escuchaban todo el tiempo en su propia religión.  Me acuerdo de un estudiante dominicano que asistía a las reuniones de “Música y Diálogo” que teníamos en nuestro Centro Estudiantil todos los viernes por la noche.  Durante mucho tiempo estuve compartiendo el evangelio con él, pero cuando le hablaba de confiar en Cristo, me respondía, “Yo siempre he confiado en Cristo.”  Cuando le hablaba de aceptar a Cristo, me respondía, “Yo siempre he aceptado a Cristo, y lo acepto todos los días.”  Si le hablaba de pedir en fe que Dios le perdonara, me respondía, “Eso es algo que hago a menudo.”

No encontraba forma de penetrar más allá de las palabras que él y yo usábamos, pero que yo sabía que tenían un significado diferente para él.  Era evidente que él sentía una necesidad de tener a Dios en su vida.  No dudaba de la existencia de Dios.  Daba fe de amar a Dios.  Pero también era evidente que no era un hijo de Dios porque su vida no reflejaba las cualidades que la Biblia menciona como características de una nueva criatura.  Pero ¿cómo hacerle ver que no era un hijo de Dios?  Me afirmaba todo lo que le decía.

Un día se me ocurrió preguntarle, “Sí, ¿pero estarías dispuesto a que Dios entrara en tu vida para cambiarte y controlarte?”  De una vez reaccionó bruscamente diciendo, “¡Eso sí que no!  ¡Nadie me dice lo que tengo que hacer!”  Sabía de una vez que había puesto el dedo sobre una llaga que era importante, pero todavía me llevó tiempo entender su significado.

He llegado a la convicción de que para que una persona experimente el nuevo nacimiento es necesario que toda su personalidad se involucre en la decisión.  Para asuntos de un análisis del ser humano muchas personas nos dicen que hay tres facetas de la personalidad: la mente, las emociones, y la voluntad.  Esas tres facetas se encuentran exactamente en el centro del proceso humano de tomar decisiones y si no se involucran en una decisión de fe, no hay trato.

La Mente

En América Latina la mayoría de las personas no tienen un problema intelectual con la existencia de Dios.  Eso está cambiando poco a poco en esta época posmodernista.  El Marxismo también ha convencido a muchos de que el concepto de “dios” es la creación de una mentalidad débil, oprimida.  Donde existan estos estorbos a la fe, hay que dedicar tiempo para resolver esas dudas.  La población estudiantil es un sector donde uno encuentra un mayor número de personas que en sus mentes no están seguros de que Dios exista, de que Jesucristo realmente vivió, murió y resucitó.  Uruguay es un país muy secular, y su población tiene un alto porcentaje de personas que tienen dudas intelectuales en cuanto a las doctrinas básicas de la fe cristiana.  La apologética nos puede servir en estos casos, pero tenemos que saber que la razón en sí nunca va a llevar a una persona a la salvación.  Si estamos trabajando con un escéptico, ayuda tener bases apologéticas, pero nuestro trabajo principal no es el de defender la fe, sino el de presentar la verdad porque la Palabra de Dios es “viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.”. (Hebreos 4:12).  No importa que la persona no crea en la autoridad de la Biblia.  No importa que la persona no crea en la inspiración divina de la Biblia.  Es una espada filosa aunque la otra persona no lo crea.  Pero una persona nunca va a nacer de nuevo si mentalmente no esta convencida de la veracidad del contenido del evangelio.

Al evangelizar no es necesario que trates de convencer a las personas de que la Biblia es la Palabra inspirada de Dios.  Tampoco debes sentir la necesidad de tratar de resolver todas las dudas que tengan sobre la Biblia y las supuestas contradicciones que contiene.  Sí, debes prepararte, hasta donde sea posible, para contestar dudas que tengan los no creyentes sobre la Biblia, pero el camino hacia la vida nueva en Cristo no es a través de un convencimiento intelectual de que la Biblia es inspirada o que no contiene errores.  El secreto del convencimiento que da el Espíritu es el contacto con la Palabra de Dios.

Las Emociones

Otra vez en América Latina mayormente no hay problema con esta faceta de la personalidad.  La gran mayoría de la gente ama a Dios, siente una necesidad para Dios, siente emociones positivas hacia Dios (aunque a menudo los abusos de algunas iglesias institucionales provocan emociones negativas).  Algunos dirían que hay un exceso de fervor religioso en nuestras culturas que resulta en un fanatismo.  Pero sea lo que sea, mayormente no hay duda de que emocionalmente los latinoamericanos se sientan atraídos hacia Dios.  Le rezan, buscan su favor, orientan mucho sus vidas alrededor de tradiciones religiosas.

La Voluntad

Si estas tres facetas de la personalidad yacen en el centro del proceso de tomar decisiones, el elemento de la voluntad yace en el mero centro del centro.  El problema de mi amigo dominicano fue su voluntad.  No estaba dispuesto a que nadie le dictara lo que tenía que hacer.  Sin embargo, la rendición de la voluntad es céntrica en el proceso de llegar a nacer de nuevo.  Nadie puede servir a dos señores.  Nadie puede mantener el control de su propia vida y a la vez ser seguidor de Jesús.  El problema principal del hombre no es tanto un problema intelectual, ni un problema de no sentir la necesidad para Dios.  El problema principal es que no quiere que Dios se meta con su vida, que “haga y deshaga” en su vida.  Y es por eso que aunque una persona acepte la existencia de Dios, la muerte y resurrección de Jesús, y aunque tenga sentimientos positivos hacia Dios y lo quiera, si no llega al punto de entregar su voluntad a Jesucristo, no hay trato, no hay nuevo nacimiento.  Toda invitación a que Jesús entre en la vida de uno es en su fondo una invitación a que sea no solamente Salvador sino también Señor de la vida.

Es cierto, Pablo y otros escritores bíblicos describen lo que se conoce como “cristianos carnales”.  Casi todos nosotros pasamos por un tiempo de crisis como cristianos en que tenemos que volver a afirmar el señorío de Cristo en nuestras vidas.  Pero esas luchas seguramente deben verse más bien como batallas para hacer efectivo en nuestra vida el señorío que le concedimos a Cristo en el momento de aceptarlo como Señor y Salvador.  Jesús siempre ha tenido problemas con las personas que se dicen ser seguidores suyos, pero que no han resuelto el tema del señorío en sus vidas: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” (Lucas 6:46)

Una Ilustración

Muchas veces ilustro esto por medio de lo que a mí me pasó cuando conocí a la que sería mi futura esposa.  No me llevó mucho tiempo después de conocerla para que me diera cuenta de que ella haría una buena esposa para alguien.  Con el paso del tiempo me di cuenta de que ella haría una buena esposa para mí.  Tampoco pasó mucho tiempo antes de que me diera cuenta de que había algo más que amistad entre nosotros.  Empecé a sentir una atracción hacia ella que con el paso del tiempo iba madurándo en amor.  Así que intelectualmente estaba convencido.  Emocionalmente la amaba.  Pero cuando llegó el momento de tener que decidir si me casaba con ella o no, pasé por una lucha tremenda.  No podía comer, ni dormir, ni estudian, ni trabajar durante casi dos semanas porque estaba en una lucha con mi voluntad.

No estaba seguro de que me quería comprometer con una sola mujer de por vida.  No estaba seguro de que quería aceptar las obligaciones que tener hijos implicaría.  Y sucede que en aquel tiempo hacía poco que la compañía Ford había sacado al mercado su Mustang, y yo quería comprarme uno.  No estaba seguro de que podía casarme y comprarme mi Mustang, y ¡de veras que estaba en apuros en cuanto a cuál quería más!

Wilma no llegó a ser mi esposa hasta que yo resolví ese conflicto con mi voluntad.  Y Cristo no entra en nuestras vidas hasta que resolvamos ese conflicto con la voluntad.  Jesús no acepta ningún rival para nuestras emociones ni para el control de nuestra voluntad.

Cualquier presentación de las Buenas Nuevas que usemos tiene que tocar la personalidad completa del hombre: su mente, sus emociones y su voluntad, y las tres facetas del hombre tienen que estar de acuerdo con una decisión de invitar a Jesús a entrar en la vida para renovar y cambiar su mente, sus emociones y su voluntad.  Cualquier método que tiende a ignorar estas tres facetas, especialmente la faceta de la rendición de la voluntad, está destinado a producir profesiones de fe, pero no discípulos.

Lloyd Mann

2 thoughts on “Intelecto, Emociones y Voluntad

  1. En este momento, con mi oepssa estamos viendo crecer la 3era generación de miembros de la Iglesia, con la bendición de que de los 5 hijos una ya partió anticipadamente a su vida en el mundo espiritual, solo El Señor sabe el por que.-Esta concepción se fortalece al conocer el Sacrificio Expaitorio del Señor Jesucristo, este Sacrificio nos devuelce el consuelo, la paz y la esperanza de que toda su palabra de cumplire1 .-Hemos sido bendecidos, probados, fortalecidos y convertidos de la maneras y formas que Dios Nuestro Padres Celestial a determinado en Su Santa y Divina Voluntad con la ayuda del Espedritu hemos comprendido esta cosa dela cuales nos regocijamos

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