El libro de Levítico: cómo entenderlo mejor

En respuesta a una pregunta reciente sobre el artículo “¿Por Qué No Guardamos Todas las Leyes de Levítoco?“, quiero arrojar más luz sobre en contexto en que debemos entender todo lo que encontramos en el tercer libro de la Biblia: Levítico.

A veces se nos olvida del calendario cuando pensamos en lo que Dios empezó con Su proyecto de rescatar a la humanidad después de los estragos que produjo la desobediencia de los primeros seres humanos en la raza humana.  Lo que tenemos escrito en Levítico son cosas que ocurrieron hace miles de años. Y antes de los eventos descrito en Levítico Dios ya había estado trabajando durante mucho tiempo con la raza humana para que entendiera los efectos de esa desobediencia y para establecer una forma de superar esos estragos. Hay que recordar que los pueblos del mundo en ese entonces no tenían la misma mentalidad que tenemos ahora, y que Dios tuvo que comunicarse con ellos a nivel de ellos, no al nivel de Dios.

 Otra cosa que a veces se nos olvida es esto: nuestro conocimiento de Dios no surge de alguna persona (ni siquiera del pensamiento colectivo de muchas personas) que se sentó para buscar una respuesta a esta pregunta: ¿Cómo será Dios?  Nuestro conocimiento de Dios viene de un largo proceso de auto revelación de Dios mismo durante siglos en que Él se dejaba conocer por medio de una serie de actos en la historia.  La gente iba conociendo cómo es Dios, no porque alguien dijo que Él es así o asá, sino porque iban observando el trabajo de Dios a medida que Él actuaba en sus vidas.  La fe judía y la fe cristiana no desprende de una serie de conceptos o postulados propuesto por algún hombre, sino por Dios que quiso revelárseles a Sí mismo a la raza humana porque Él la amaba.

Para lograr ese objetivo de que el hombre (la humanidad) lo conociera, Dios tuvo que empezar con el hombre donde estaba en su desarrollo moral, cultural y espiritual. Las leyes del Antiguo Testamento, en su tiempo, fueron saltos enormes hacia adelante en la moralidad humana y en el trato justo de cada persona.  Desde nuestra perspectiva del Siglo XXI, puede ser que esas leyes nos parezcan crudas e ilógicas porque nos creemos muy avanzados moralmente en el día de hoy.  Desgraciadamente nuestra percepción de nosotros mismos en gran parte es una mentira.  Hace más de dos mil años Jesús de Nazaret mandó que amáramos a nuestros enemigos, que buscáramos el bien de los que nos maltratan, etc., y todavía no hemos llegado a la altura de ese concepto moral.  Difícilmente podemos decir que hemos superado el concepto de “Ojo por ojo, diente por diente” que en su día fue un gran salto adelante en la moral . . . porque antes de “Ojo por ojo, diente por diente”, si a alguien le sacara un ojo, el afectado sería capaz de matarlo al otro por eso. Esa ley hoy en día nos parece absurda . . . pero a la luz de cómo nos tratamos en nuestra sociedad ¿diríamos honestamente que ya hemos superado esa forma bárbara de tratarnos unos a otros?

 Nosotros, los humanos somos MUY lentos para aprender, para avanzar en nuestra forma de tratar a otras personas.

 Muchas de las leyes alimenticias de Levítico tenían un propósito claro de mejorar la salud del pueblo de Israel.  Hoy en día comemos mucho de lo que estaba prohibido comer en el tiempo en que se escribió Levítico . . . pero hoy en día ya sabemos que el puerco tiene que estar bien cocido antes de comerlo, debido a la triquinosis.  Hoy en día entendemos que la sangre comunica enfermedades, cosa que en aquel tiempo no se sabía, etc.  Dios les prohibía muchas cosas en ese tiempo simplemente para proteger su salud. Hoy en día eso no es necesario debido a los avances científicos que Dios nos ha dado.

 Dios, en Su esfuerzo para enseñarle al hombre, decidió usar a menudo símbolos.  Los símbolos son cosas que tienen significado en sí, y que pueden representar algo más allá de sí mismo.  A Dios le importaba la santidad de Su pueblo.  La palabra santidad tiene que ver con “ser diferente a” o “ser puro” o “ser apartado para Dios”.  Dios no quería que Su pueblo se contaminara con las ideas religiosas paganas de los pueblos que vivían en su alrededor.  Por eso, les prohibió mezclarse en matrimonio con otros pueblos.  Uno de los símbolos que Dios usó para recordarle a Su pueblo a no mezclarse con otros pueblos fue que no debían combinar dos tipos de hilo en un mismo tejido. A nosotros nos parece una idiotez, pero para el pueblo de Dios en ese entonces esa prohibición tenía el propósito de recordarles que debían ser puros, que no debían contaminar su forma de vida con elementos de idolatría (con otro tipo de hilo).

 Parte de los ritos paganos de esos días tenía que ver con ponerse tatuajes.  Como Dios no quería que Su pueblo adorara a los ídolos repugnantes de las naciones vecinas, Dios prohibió entre Su pueblo el uso de tatuajes.  Hoy en día la mayoría de la población no considera que esté mal ponerse un tatuaje (aunque hay muchos padres que todavía se lo prohíben a sus hijos).  Para mí es interesante que Dios mismo dice que Él tiene los nombres de Sus hijos gravados (¿tatuados?) en sus manos: Isaías 49:15-16.  Y el Cordero de Dios o el Verbo de Dios en Apocalipsis lleva escrito (¿tatuado?) este título en Su muslo: “Rey de reyes y Señor de señores”: Apocalipsis 19:16

 Otro de los principios que Dios quería enseñarle a Su pueblo fue que cada persona debía ser apreciada por sí misma, no por lo que hicieran sus padres, o sus hijos.  Semejante a eso fue Su deseo de que el trato de los animales fuera justo, razonable.  Por eso la prohibición de que se cocinara el cabrito en la leche de su madre.  Esas leyes tienen su propia validez, pero también servían de símbolos en cuanto al trato de cada individuo según sus propios méritos.

Si a usted le parece ilógico muchas de las leyes en Levítoco, quizá tiene razón: muchas de esas leyes nos parecen disparates hoy en día, y nos preguntamos cómo Dios podría haber establecido esas leyes.  Pero hay que entender las leyes de Dios en el Antiguo Testamento en el contexto de lo que Dios estaba tratando de hacer con el carácter y la moral de Su pueblo.  Dios sabía que a Su pueblo le llevaría mucho tiempo comprender y asimilar Su carácter, así que empezó usando símbolos (cosas físicas en vez de conceptos abstractos) para que ellos entendieran mejor.  Todo el sistema de sacrificios de animales tenía, en parte, el propósito de preparar a Su pueblo para entender lo que Dios iba a hacer en Jesucristo.  Dios quería que su pueblo entendiera que sin derramamiento de sangre no hay perdón de pecados . . . porque el Mesías prometido derramaría Su sangre una vez para siempre para el perdón de nuestros pecados.

 Y ¿por qué esa idea de que es necesario derramar sangre para recibir perdón de Dios?  ¡Quién sabe!  ¿Por qué la ley física dice que si dejas caer un objeto pesado de un edificio alto, siempre caerá al suelo en vez de flotar?  Así como hay leyes inmutables en el campo físico, también hay leyes inmutables en el campo espiritual.  No sé por qué eso de la sangre. Usted tendrá que preguntarle a Dios cuando lo veas.

Permítame darle un ejemplo de una película popular de hace algunos años.  En la película “Karate Kid”, Mr. Miyagi (el instructor de karate) insiste en que Daniel (el aprendiz) repita un sin número de veces algunos movimientos básicos.  Por ejemplo: mover las manos como si estuviera dándole brillo a un auto.  A Daniel no le gusta esa repetición “sin sentido” y se rebela en contra de las instrucciones de Mr. Miyagi.  Pero durante el proceso de “obedecer esas reglas” (leyes) del Maestro Miyagi, Daniel llega a entender que esos son movimientos importantísimos y necesarios si quiere ser un buen karateca.  Así mismo Dios impuso sobre Su pueblo ciertos ritos (leyes) para que Su pueblo aprendiera a vivir bien la vida.  En el principio estoy seguro de que el pueblo de Dios pensaba que mucho de eso era un disparate.  Y a nosotros que, por decirlo así, supuestamente somos expertos en cómo vivir bien la vida, esas leyes también nos parecen idioteces.  Pero sin lo que el pueblo de Dios aprendió durante los siglos de practicar esos ritos, nosotros no entenderíamos el evangelio: las buenas noticias de lo que Dios hizo en Cristo para reconciliar a los hombres consigo mismo. 

No tenemos ni tiempo ni espacio para tratar cada ley “ilógica” que encontramos en Levítico, pero espero que estas ideas los ayuden a ver al libro Levítico desde un punto de vista diferente.

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