Dios, ¡por siempre te daré gracias!

Esta semana en los Estados Unidos celebramos el Día de Acción de Gracias, un día festivo nacional que tiene sus raíces en la celebración que se hizo al final de la primera cosecha de los Peregrinos de la Colonia Plymouth en Massachusetts.  De los 102 colonizadores que se embarcaron para el Nuevo Mundo en el barco Mayflower, sólo 52 sobrevivieron el viaje y ese primer invierno.

Con la ayuda de los indígenas locales, los Wampanoag, sobrevivieron el invierno y aprendieron a sembrar y cazar para alimentarse.  Al llegar el tiempo de la cosecha en el otoño del año 1621, decidieron darle gracias a Dios.  No se sabe la fecha de ese primer Día de Acción de Gracias, pero probablemente fue entre septiembre y noviembre.  Invitaron a los Wampanoag, que vivían en una aldea cercana, a celebrar con ellos.

Actualmente, es costumbre de casi todas las familias en los EE.UU. reunirse con sus familias para disfrutar una comida abundante, ver juegos de fútbol americano y pasar un buen rato juntos.  Poco del propósito original de la celebración se ha conservado . . . si acaso en los hogares cristianos se hace una oración de agradecimiento más prolongada a Dios por la comida.

Este año los animamos a aprovechar este tiempo en familia, quizá invitando a amigos si su familia es pequeña, y a apartar un tiempo durante la tarde para de verdad darle gracias a Dios, quizá entre la comida y el postre, para que cada miembro de su familia le exprese su gratitud a Dios por lo que Él ha hecho en sus vidas y por las bendiciones que le ha dado.

El Salmo 30 termina con estos dos versículos:

11 Tú cambiaste mi duelo en alegre danza;
    me quitaste la ropa de luto y me vestiste de alegría,
12 para que yo te cante alabanzas y no me quede callado.
    Oh Señor, mi Dios, ¡por siempre te daré gracias!”
(NTV)

A nosotros que hemos conocido, y realmente apropiado el evangelio de Jesucristo, quienes lo hemos invitado a ser Señor y Salvador de nuestras vidas, de veras que Él ha “cambiado nuestro duelo en alegre danza,” y “nos ha quitado la ropa de luto y nos ha vestido de alegría”.

Muchas veces, como familia, asistimos a la iglesia . . . pero pocas veces compartimos verbalmente con nuestros hijos las cosas tremendas que Dios ha obrado en nuestras vidas, en nuestro carácter, en nuestro matrimonio y a favor de nuestro bienestar. Este año vamos a “no quedarnos callados”, sino como adultos, jóvenes, y niños vamos a ¡darle las gracias a Dios por Sus bendiciones!

Recursos adicionales:

Salmo 92

2 Tesalonicenses 2:13-16

1 Crónicas 16: 7-13, 28-36

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