Comprendiendo el Proceso de Conversión

Dentro del medio evangélico podemos hablar de a lo menos dos categorías de evangelismo: evangelismo masivo y evangelismo personal. La primera categoría la podríamos caracterizar como algo que, por lo general, harían personas altamente preparadas, como pastores y evangelistas, aunque hay ocasiones en que predicadores laicos lo hacen también. Este curso cae dentro de la categoría de evangelismo personal, lo que cada creyente debe hacer.

Antes de empezar a hablar sobre cómo compartir de Jesús, conviene considerar cuál debe ser la meta del evangelismo. Por la forma de practicar el evangelismo, ya sea masivo o personal, se deduciría que muchas veces la única meta (aunque ciertamente no enunciada) es simplemente lograr que otras personas hagan una profesión de fe en Jesucristo. Sin duda, esa es una buena meta, pero la meta expresada por Jesús mismo es algo más profundo. Es producir discípulos: “Por tanto id y haced discípulos . . .” como lo expresa en Mateo 28:19.

Sería bueno considerar el uso del término “discípulo” en el Nuevo Testamento. Se encuentran a lo menos dos usos de esta palabra:

     

  1. Se usa muchas veces para designar a un seguidor de otra persona. Se habla de los discípulos de los fariseos. En este mismo sentido se usa el término muchas veces para referirse a los seguidores de Jesús.
  2. Pero Jesús mismo, al hablar de varias cualidades, actitudes y acciones que caracterizan a sus discípulos implícitamente vierte un significado más profundo en este vocablo. Esto claramente se ve en sus enseñanzas “él que hace tal cosa será mi discípulo . . .” o “él que no hace tal cosa no puede ser mi discípulo . . . .” Un discípulo de Jesús es más que un simple seguidor.

El significado de “discípulos” en la Gran Comisión de Mateo 28:19-20 tiene más del contenido del segundo uso que del primero.Los métodos del evangelismo tradicional (ya sea masivo o personal) tienden a producir personas que “aceptan a Jesús,” pero que entienden eso más en términos de “seguidor” que en términos de lo que Jesús quería decir cuando hablaba de ser sus discípulos.

Durante más de 28 años de evangelizar y discipular a estudiantes universitarios en Costa Rica, la República Dominicana y México llegamos a la conclusión de que

el tipo de evangelismo determinará el producto final que consigues.

Casi invariablemente ciertos tipos o métodos de evangelismo tienden a producir simples seguidores de Jesús. Otros métodos tienen probabilidades más altas de producir discípulos verdaderos. Un evangelismo breve y superficial con personas desconocidas puede producir profesiones de fe, pero en la mayoría de los casos no produce discípulos. Un evangelismo relacional con amigos, compañeros de estudio, o familiares que se basa en un contacto prolongado con las Escrituras casi siempre produce nuevos nacimientos sanos que naturalmente siguen en estudios bíblicos de conservación y que se integran a una iglesia y siguen creciendo.Claro, Dios puede usar cualquier método para llevar a una persona al punto de arrepentirse y en fe invitar a Cristo a entrar en su vida para perdonarlo y transformarlo. Dios puede hacerlo, y lo hace.

Pero digamos, que si en el fútbol hay la oportunidad de usar una técnica que el 80% del tiempo se mete un gol o una técnica que sólo el 5% del tiempo se mete un gol, ¡se va a usar la primera!

En su mayoría los métodos tradicionales de evangelismo personal son productos de la cultura norteamericana de la última mitad del siglo pasado. Se han enseñado ampliamente en América Latina, casi sin ninguna adecuación a la cultura latina. Yo, siendo en gran parte producto de esa cultura norteamericana, nunca me convencí de que esos métodos funcionaban bien en ninguna cultura, si de producir discípulos se trataba. Y ver los intentos de importarlos a América Latina me ha convencido de que tales métodos tienen serias limitaciones.

Es válido y valioso compartir el testimonio personal. Y es bueno expresar en forma resumida el contenido de las Buenas Nuevas. Sin embargo, las múltiples referencias en las enseñanzas de Jesús y Pablo a la agricultura y el uso del cuadro de un nuevo nacimiento en Juan 3:4 nos hablan de un proceso que ocurre en un tiempo prolongado más que en 10 a 15 minutos. Preparar la tierra, remover piedras, arar, sembrar, desyerbar, regar, fertilizar y por fin cosechar requieren por lo general muchas largas horas. Gestar a un bebé espiritual generalmente no es asunto de 15 minutos, ni aún de una hora.

¿Puede Dios llevar a una persona a una transformación de vida basada sobre arrepentimiento y fe en espacio de 15 minutos? Claro que sí, y a veces lo hace. Pero generalmente cuando eso sucede por lo menos una de las siguientes condiciones ya existía:

  1. Alguien ha estado orando por la salvación de esa persona durante mucho tiempo. Puede haber sido un pariente o un amigo.
  2. Esa persona está en medio de una crisis tan grande, una necesidad tan apremiante, que sus defensas naturales se han derrumbado y está buscando desesperadamente ayuda.
  3. Es conocedor del evangelio y la semilla está dando su fruto.

Sí ocurre, pero mayormente la gente no llena ninguna de esas condiciones y se requiere de mucho más que 30 minutos para que entreguen sus vidas al Señor.Pedir que una persona haga una “profesión de fe” después de testificarle por unos 10, 15, o 30 minutos prácticamente garantiza que conseguiremos una simple “profesión de fe,” pero probablemente no un discípulo. El tipo de evangelismo que utilizamos determinará el “producto” que recibimos.

Ejemplos

Una Campaña Evangelística Masiva
Hace algunos años se planeó un proyecto evangelístico muy grande en la Ciudad de México. Se hizo todo un proceso completo de preparación para las campañas, incluyendo campañas de oración, actividades pre-evangelísticas, entrenamiento de personas para darles seguimiento a las personas que aceptaran a Cristo, etc. Vinieron varias docenas de pastores de los EE.UU. para predicar campañas evangelísticas en las iglesias bautistas de la ciudad. Algunos hablaban español, otros hablaban sólo inglés. Durante los días ellos, y miembros de las iglesias mexicanas, salían a evangelizar persona-a-persona en hogares alrededor de los templos. Cada noche había predicaciones evangelísticas y otros tipos de actividades en los templos.

Al final de las dos semanas de actividades los predicadores norteamericanos regresaron a su país muy contentos, emocionados por los resultados de las campañas: más de 7,000 profesiones de fe. Aunque yo no participé en las campañas de forma directo, participé con los evangelistas en algunas actividades de evaluación. Conociendo el contexto espiritual de la ciudad, personalmente yo dudaba de esos resultados tan fantásticos. Pero decidí no juzgar prematuramente, sino dejar tiempo para ver los resultados a largo plazo de tanto esfuerzo.

Seis meses después de terminar las campañas me puse a entrevistar a pastores de iglesias bautistas que habían participado. Les pedí que me dieran un número aproximado de las personas que hicieron profesión de fe durante la campaña en sus iglesias que todavía estaban asistiendo a alguna actividad. Claro que no hablé con todos los pastores, sino que mayormente hablé con pastores que vivían en la parte sur de la ciudad donde vivía yo. Hubo dos o tres pastores que pudieron mencionar a alguna persona que todavía estaba en su iglesia después de seis meses, pero en la mayoría de los casos no hubo ningún resultado permanente de esas campañas masivas.

¿Por qué sucedió eso? Creo firmemente que fue porque el método determina los resultados que recibimos. Dar presentaciones “enlatadas” de diez a quince minutos de un evangelio conceptualista en hogares e invitar a las personas a aceptar a Cristo, o predicar sermones evangelísticos a personas que mayormente no tienen ningún cultivo, para luego pedirles que hagan una profesión de fe, prácticamente garantiza que no se va a producir discípulos, sino simples “profesiones de fe”.

Actividades Masivas en la Universidad
Nosotros mismos, en nuestro ministerio con estudiantes universitarios, decidimos en un momento planear un proyecto de “evangelismo masivo”. Pero habiendo aprendido algo de muchas experiencias pasadas, decidimos preparar a un grupo de estudiantes que nos ayudarían en el trabajo evangelístico y el discipulado. Pasamos todo un año entrenando a un grupo en cómo evangelizar y como dar seguimiento a personas que hicieran profesión de fe. El segundo año nos dedicamos a llevar a cabo en la ciudad universitaria actividades masivas evangelísticas: una actividad cada dos meses. Al final de cada actividad invitamos a las personas con interés en asuntos espirituales a que vinieran a hablar con nosotros. Muchas personas hicieron profesiones de fe durante conversaciones subsecuentes a esas actividades masivas. El tercer año del proyecto era para llevar un discipulado intensivo con las personas que hicieran profesión de fe. Claro, no esperamos hasta el tercer año para empezar a discipular a las personas, sino que de una vez empezamos a trabajar con ellos.

Al final del tercer año evaluamos todo el proyecto. Descubrimos algo muy interesante: ciertamente hubo un aumento significativo de personas que aceptaron a Cristo durante esos tres años en comparación con años anteriores en el ministerio. Fue emocionante darnos cuenta del éxito que tuvimos. Pero cuando empezamos a hacer un análisis de cada una de las personas que hicieron una profesión de fe, descubrimos cosas que nunca sospechamos. En primer lugar, descubrimos que de las personas que hicieron profesión de fe como resultado de las actividades “masivas” en el recinto universitario, no había ninguna de ellas que estaba asistiendo a ninguna iglesia, ni que seguía creciendo en su fe, ni con quienes habíamos podido mantener contacto. Ese tipo de persona componía más o menos el 22% de las profesiones de fe.

El 78% de las profesiones de fe resultaron ser amigos, parientes o compañeros de clase de los estudiantes a quienes entrenamos en cómo evangelizar. En el transcurrir diario de sus vidas ellos iban testificándoles a las personas con quienes tenían relaciones personales naturales. En casi todos los casos, ellos les habían ido cultivando, llevándolos por una serie de estudios bíblicos evangelísticos y llevándolos a su iglesia. De ese 78% sabíamos dónde estaba casi cada uno de ellos y la iglesia a la cual estaba asistiendo. En la mayoría de los casos nuestros estudiantes entrenados estaban dándoles seguimiento espiritual.

Viajes Misioneros de Universitarios a Universitarios
Durante varios años nosotros recibimos en nuestro ministerio estudiantil en la Universidad Nacional Autónoma de México a grupos estudiantiles de una universidad bautista de los EE.UU. Sus estudiantes hacían viajes cada enero para evangelizar en la UNAM. Me acuerdo de un viaje misionero que hicieron cuando mi familia y yo estábamos de licencia en los EE.UU. Después del proyecto me escribieron muy emocionados porque 46 estudiantes mexicanos habían aceptado a Cristo. Una cosa muy buena que hicieron fue dejar a uno de sus estudiantes que hablaba algo de español en la Ciudad de México para darles seguimiento a esas personas. Durante seis meses estuvo trabajando para conservar los resultados de ese proyecto misionero.

Nosotros regresamos a México al final de sus seis meses de trabajo y evaluamos los resultados obtenidos. Nos llamó la atención de que de los 46 que hicieron profesión de fe, sólo podía localizar a dos de ellos. Uno era un joven con muchos problemas emocionales, donde se había hospedado el estudiante cristiano, que había encontrado apoyo entre algunos miembros de una iglesia. Ese joven seguía asistiendo fielmente a una iglesia durante varios años, pero debido a sus problemas emocionales no logró crecer mucho en la fe. La otra era una joven que se había enamorado del joven estadounidense, y era fácil localizarla – siempre estaba con él. A los pocos meses ellos se casaron y regresaron a los EE.UU. para continuar los estudios teológicos de él.

Después de cómo un año ellos regresaron a la Ciudad de México para visitar a la familia de la joven, y nosotros los invitamos a nuestra casa para comer. Después de la comida yo me llevé al joven norteamericano a la sala para conversar con él, y mi esposa llevó a la joven a otra sala para hablar con ella. En la sala el joven me decía que estaba tan contento porque había ganado a su futura esposa a Cristo. Todos los seis meses de trabajo habían valido la pena porque la llevó a los pies de Cristo. Pero en la otra salita la esposa estaba contando una historia muy diferente.

Según ella, ella tenía interés en el joven, y por eso, dondequiera que él iba, ella iba. Y como él estaba siembre en el templo los domingos por la mañana y por la noche y los miércoles por la noche, ella asistía al templo los domingos dos veces y los miércoles. A mi esposa le comentó, “Nunca entendí la insistencia de mi esposo de que yo aceptara a Cristo. Toda mi vida he aceptado a Cristo. Él seguía insistiendo en que tenía que creer en Jesús. Toda mi vida he creído en Jesús. Me hablaba de que tenía que poner mi fe en Jesús, pero toda mi vida he tenido fe en Jesús. Yo por fin un día, para hacerlo feliz, “acepté a Jesús” con él. Pero después de como tres meses de estar asistiendo a la iglesia tres veces por semana me di cuenta de que lo que él me pedía no era lo que yo había hecho.” Ella fechaba su nuevo nacimiento unos tres meses después de lo que él me decía.

Tuvimos otra experiencia varios años más tarde, con un grupo de visitantes de una iglesia en los EE.UU. Llegaron para un viaje misionero. Pero ya habíamos aprendido por experiencia que no servía que hicieran una labor evangelística tradicional. Así que les dimos una buena orientación, explicándoles que su trabajo iba a ser sembrar, cultivar, regar, pero no cosechar. Les pedí que por favor no le pidieran a ningún estudiante que aceptara a Jesús. Podrían compartir el evangelio, compartir sus testimonios personales, contestar cualquier pregunta, pero, por favor, no pedir una decisión.

¡Ya ustedes pueden imaginarse el enojo de algunos de ellos, especialmente los que se estaban preparando para ser pastores! Pero los convencí que así tenía que ser. Durante unos cuatro días las cosas iban muy bien. Pero el viernes tres estudiantes del pastorado llegaron muy emocionados a mi oficina para decirme que tres estudiantes de la Facultad de Veterinaria habían aceptado a Cristo. Mi reacción inmediata fue decir, “¡¡¡Oh, NO!!!”. Nosotros teníamos varios meses trabajando con esos tres estudiantes de veterinaria. Nos había costado mucho que ellos aceptaran hacer estudio bíblico con nosotros. Los estudios evangelísticos iban muy bien, pero no los habíamos terminado. De una vez invité a los tres estudiantes a que vinieran a mi oficina para hablar con ellos. De la mejor manera que sabía, traté de indagar por qué habían “aceptado a Cristo”, qué habían entendido, qué los había motivado. Y para mi sorpresa y agrado, contestaron muy bien a todas las preguntas. Yo me sentía mucho mejor, y después de que los estudiantes salieron de la oficina, me disculpé con los tres estudiantes pastorales.

Nunca más volvimos a ver a esos tres estudiantes de veterinaria. Aparentemente se habían sentido acorralados, presionados, y no quisieron nunca más tener nada que ver con nosotros. Lo que los estudiantes estadounidenses habían logrado no fueron nacimientos nuevos, sino abortos.

Los Abortos Espirituales

Cuando una persona hace una “profesión de fe” en Jesucristo, pero no sigue creciendo hasta llegar a ser un discípulo, lo más probable es que lo que hemos logrado es un aborto, no un nacimiento nuevo. Un discípulo es una persona que muestra evidencias de crecimiento espiritual y que tiene una serie de características en su vida que lo hacer ser un discípulo de Jesús. Un encuentro con la Persona de Jesús que produce los cambios radicales que Jesús relaciona con ser su discípulo requiere de más tiempo. Una persona que realmente nació de nuevo tiene hambre espiritual, quiere crecer y quiere estudiar la Biblia. Una persona que realmente nace de nuevo empieza a compartir con sus amigos y familiares lo que Dios está haciendo en su vida. Pero una metodología que resulta en un aborto espiritual en realidad vacuna a la persona en contra del evangelio, y después es casi imposible lograr que vuelva a considerar seriamente las Buenas Nuevas. Una persona que hizo tal “decisión” cree que está bien con Dios sin que realmente haya un cambio interno en ella. Uno de los signos más evidentes de un aborto espiritual es que la persona que hizo la “decisión por Cristo” no quiere reunirse con nosotros; nos esquiva cada vez que tratamos de darle algún tipo de seguimiento. ¡No es posible darle atención pediátrica a un aborto! Solamente es posible dar una pediatría espiritual, o seguimiento espiritual, o discipular a una persona cuando hay un nacimiento vivo, no un aborto.

Por Qué Tenemos Dificultades

Hay una serie de situaciones que nos dificulta como evangélicos llevar a cabo un evangelismo efectivo. Cada uno de nosotros tenemos que examinar nuestra forma de hablar y de evangelizar para detectar si caemos en una o más de las siguientes dificultades:

  1. Tendemos a usar una jerga evangélica, es decir términos religiosos que como evangélicos nos sirven de “taquigrafía” espiritual, pero que difícilmente comunican con los no creyentes, o peor, les comunican algo muy diferente a las personas que no manejan la jerga. Hablamos de “hacer una decisión”, de “pasar al frente”, de “ser limpios en la sangre”, etc. La semana pasada estuve hablando con un joven colombiano que tiene menos de dos años de haber nacido de nuevo, y me chocó la cantidad de jerga que usaba, jerga que estoy seguro que no aprendió en nuestra congregación. Lo que pasa es que durante casi año y medio estuvo asistiendo a una iglesia hispana en los EE.UU. y evidentemente todo el mundo hablaba así. Cuando le pregunté sobre su forma de hablar, me dijo, “Es que en esa iglesia si no hablaba así me consideraban un cristiano no muy espiritual.”
  2. Además, hay un problema de vocabulario que tenemos en común con la religión mayoritaria en América Latina, vocabulario que muchas veces tiene significado muy diferente. Casi todo el vocabulario que usamos como evangélicos es el mismo vocabulario, o vocabulario muy semejante, que maneja la iglesia tradicional de América Latina. “Creer en Cristo”, “tener fe en Cristo”, “aceptar a Jesús”, “amar a Dios”, “seguir a Jesús”, “ser discípulo de Jesús”, etc. etc., son todos términos que se manejan tanto en la Iglesia Católica como en la evangélica, pero casi siempre tienen un significado diferente, o por lo menos no tienen exactamente el significado bíblico. Usar estos términos o confunden, o les dan a los oyentes un sentido falso de que ellos sí están cumpliendo con lo que Dios les pide. Pero como son términos bíblicos, no es tan fácil desecharlos. Muchas veces la única forma de superar este problema de vocabulario es poner a las personas en contacto prolongado con las Escrituras para que el Espíritu les comunique el verdadero significado bíblico.
  3. Las personas que usan un evangelismo rápido, seguido por una invitación para aceptar a Cristo, se topan con un problema cultural que tiene su raíz en el método norteamericano transplantado. Los norteamericanos son más directos y se preocupan menos por la posibilidad de ofender a una persona que los esté tratando de evangelizar. Pero en muchas de las culturas latinoamericanas es muy difícil que una persona le diga que “no” a otra persona. Prefieren decir que “sí”, aunque no sea cierto, para que la otra persona no se sienta fracasada o rechazada. Esa característica en muchos casos explica el gran número de “profesiones de fe” que se logran, sin que haya un número similar de discípulos verdaderos. En muchas culturas latinas han desarrollado fórmulas aceptables para decir “sí”, queriendo decir “no” que la gente de esas culturas entienden. Pero personas de otras culturas las aceptan literalmente, sin darse cuenta de la negativa detrás del “sí”. En México todo el mundo (menos los extranjeros) entienden que cuando alguien le invita a hacer algo, responder con “Haré todo lo posible” significa “¡NO!” pero “Haré todo lo posible” no se puede usar cuando alguien lo invita a aceptar a Jesús. Así que dicen que “sí” para zafarse de una situación penosa sin ofender al cristiano que le está testificando. Continuar usando un método que busca una decisión pública relativamente rápida es crear situaciones llenas de peligros innatos debido a este rasgo cultural.

Una Teología de la Salvación Incompleta

Creo que uno de los problemas que enfrentan los evangélicos es una teología deficiente de la salvación. Con el desarrollo de grupos paraeclesiáticos durante los últimos 60 años ha ido creciendo una práctica (si no la creencia explícita), una forma de evangelizar, que parece reducir la salvación a la aceptación intelectual de una conjunto de conceptos. El número de esos conceptos varía. A veces son cuatro, a veces cinco, a veces otro número. El deseo de resumir el contenido de las Buenas Nuevas para que cualquier laico pueda evangelizar con éxito ha producido una serie de métodos como “El Camino Romano”, “Las Cuatro Leyes Espirituales”, la “Ilustración del Puente” y otros que son buenos, pero que sin querer han contribuido a una visión reduccionista de la salvación. Pueden ayudar al cristiano a organizar su presentación de las Buenas Nuevas, y creo que debemos aprender a usar algún resumen del evangelio. Pero con el paso del tiempo desgraciadamente muchos cristianos han llegado a actuar como si llegar a la salvación es declarar su anuencia a cuatro o cinco preceptos conceptuales. Hay personas que actúan como si pensaran que es necesario presentar su resumen del evangelio de tal forma que la única opción que le queda a otra persona es afirmar todos sus conceptos, y una vez declarada su anuencia a esos conceptos, esa persona ha “nacido de nuevo”.

Una persona no nace de nuevo porque puede afirmar una serie de postulados. Una persona nace de nuevo porque se encuentra con la Persona del Dios-Hombre y en el proceso de llegar a conocerlo tiene que reconocer que es pecador. Descubre que Jesús se relaciona en gracia hacia los pecadores y se siente atraída hacia una Persona así. De ese encuentro personal nace la fe y en base a esa fe Cristo transforma su vida. ¿Hay conceptos teológicos que entran en juego en este proceso? ¡Claro que sí!, pero lo que salva no es afirmar los conceptos, sino enamorarse de Jesús y entregarle el control de la vida.

Tenemos que modificar la forma en que evangelizamos para incluir más este elemento de llevar a la persona a un conocimiento real de Jesús en base a lo que los Evangelios revelan. De camino a ese conocimiento real es válido resumir doctrinas básicas por medio de presentaciones como el “Camino Romano”, las “Cuatro Leyes Espirituales”, o la “Ilustración del Puente”, pero sin pensar que la aceptación de esos conceptos es lo que trae la salvación. Hoy en día la salvación llega a una persona de la misma forma en que llegaba a las personas que encontraron a Jesús en sus caminos diarios durante los relatos de las cuatro Evangelios: por medio de experimentar en carne propia la gracia de Dios mediada por el trato que Jesús daba a las personas con quienes tuvo contacto.

“Un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura. Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí. Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso. . . . Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa. . . .” Lucas 19:1-6, 9

Tus esfuerzos evangelísticos deben incluir un proceso de estudio de la Biblia que dé tiempo al Espíritu Santo para que pueda mostrar a tus amigos la diferencia entre lo que tu estás diciendo y lo que han oído toda su vida en la iglesia tradicional. Para la mayoría de los latinoamericanos es casi imposible distinguir entre el evangelio de fe y gracia que tú presentas y el evangelio cultural que suena muy semejante pero que en el fondo se basa sobre obras. El vocabulario es casi igual. Se usan las mismas frases y se manejan muchos de los mismos conceptos. La única forma de comunicar la diferencia es poner a la persona en contacto a través de varias semanas con las Escrituras para que el Espíritu le muestre la verdad.

Involucrando a la Personalidad Completa

Al principio de mi ministerio entre latinoamericanos luché con varias de las dificultades que hemos mencionado. Luché especialmente con el problema del vocabulario tan similar entre lo que yo les decía a los estudiantes universitarios y lo que ellos escuchaban todo el tiempo en su propia religión. Me acuerdo de un estudiante dominicano que asistía a las reuniones de “Música y Diálogo” que teníamos en nuestro Centro Estudiantil todos los viernes por la noche. Durante mucho tiempo estuve compartiendo el evangelio con él, pero cuando le hablaba de confiar en Cristo, me respondía, “Yo siempre he confiado en Cristo.” Cuando le hablaba de aceptar a Cristo, me respondía, “Yo siempre he aceptado a Cristo, y lo acepto todos los días.” Si le hablaba de pedir en fe que Dios le perdonara, me respondía, “Eso es algo que hago a menudo.”

No encontraba forma de penetrar más allá de las palabras que él y yo usábamos, pero que yo sabía que tenían un significado diferente para él. Era evidente que él sentía una necesidad de tener a Dios en su vida. No dudaba de la existencia de Dios. Daba fe de amar a Dios. Pero también era evidente que no era un hijo de Dios porque su vida no reflejaba las cualidades que la Biblia menciona como características de una nueva criatura. Pero ¿cómo hacerle ver que no era un hijo de Dios? Me afirmaba todo lo que le decía.

Un día se me ocurrió preguntarle, “Sí, ¿pero estarías dispuesto a que Dios entrara en tu vida para cambiarte y controlarte?” De una vez reaccionó bruscamente diciendo, “¡Eso sí que no! ¡Nadie me dice lo que tengo que hacer!” Sabía de una vez que había puesto el dedo sobre una llaga que era importante, pero todavía me llevó tiempo entender su significado.

He llegado a la convicción de que para que una persona experimente el nuevo nacimiento es necesario que toda su personalidad se involucre en la decisión. Para asuntos de un análisis del ser humano muchas personas nos dicen que hay tres facetas de la personalidad: la mente, las emociones, y la voluntad. Esas tres facetas se encuentran exactamente en el centro del proceso humano de tomar decisiones y si no se involucran en una decisión de fe, no hay trato.

La Mente
En América Latina la mayoría de las personas no tienen un problema intelectual con la existencia de Dios. Eso está cambiando poco a poco en esta época posmodernista. El Marxismo también ha convencido a muchos de que el concepto de “dios” es la creación de una mentalidad débil, oprimida. Donde existan estos estorbos a la fe, hay que dedicar tiempo para resolver esas dudas. La población estudiantil es un sector donde uno encuentra un mayor número de personas que en sus mentes no están seguros de que Dios exista, de que Jesucristo realmente vivió, murió y resucitó. Uruguay es un país muy secular, y su población tiene un alto porcentaje de personas que tienen dudas intelectuales en cuanto a las doctrinas básicas de la fe cristiana. La apologética nos puede servir en estos casos, pero tenemos que saber que la razón en sí nunca va a llevar a una persona a la salvación. Si estamos trabajando con un escéptico, ayuda tener bases apologéticas, pero nuestro trabajo principal no es el de defender la fe, sino el de presentar la verdad porque la Palabra de Dios es “viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.”. (Hebreos 4:12). No importa que la persona no crea en la autoridad de la Biblia. No importa que la persona no crea en la inspiración divina de la Biblia. Es una espada filosa aunque la otra persona no lo crea. Pero una persona nunca va a nacer de nuevo si mentalmente no esta convencida de la veracidad del contenido del evangelio.

Al evangelizar no es necesario que trates de convencer a las personas de que la Biblia es la Palabra inspirada de Dios. Tampoco debes sentir la necesidad de tratar de resolver todas las dudas que tengan sobre la Biblia y las supuestas contradicciones que contiene. Sí, debes prepararte, hasta donde sea posible, para contestar dudas que tengan los no creyentes sobre la Biblia, pero el camino hacia la vida nueva en Cristo no es a través de un convencimiento intelectual de que la Biblia es inspirada o que no contiene errores. El secreto del convencimiento que da el Espíritu es el contacto con la Palabra de Dios.

Las Emociones
Otra vez en América Latina mayormente no hay problema con esta faceta de la personalidad. La gran mayoría de la gente ama a Dios, siente una necesidad para Dios, siente emociones positivas hacia Dios (aunque a menudo los abusos de algunas iglesias institucionales provocan emociones negativas). Algunos dirían que hay un exceso de fervor religioso en nuestras culturas que resulta en un fanatismo. Pero sea lo que sea, mayormente no hay duda de que emocionalmente los latinoamericanos se sientan atraídos hacia Dios. Le rezan, buscan su favor, orientan mucho sus vidas alrededor de tradiciones religiosas.

La Voluntad
Si estas tres facetas de la personalidad yacen en el centro del proceso de tomar decisiones, el elemento de la voluntad yace en el mero centro del centro. El problema de mi amigo dominicano fue su voluntad. No estaba dispuesto a que nadie le dictara lo que tenía que hacer. Sin embargo, la rendición de la voluntad es céntrica en el proceso de llegar a nacer de nuevo. Nadie puede servir a dos señores. Nadie puede mantener el control de su propia vida y a la vez ser seguidor de Jesús. El problema principal del hombre no es tanto un problema intelectual, ni un problema de no sentir la necesidad para Dios. El problema principal es que no quiere que Dios se meta con su vida, que “haga y deshaga” en su vida. Y es por eso que aunque una persona acepte la existencia de Dios, la muerte y resurrección de Jesús, y aunque tenga sentimientos positivos hacia Dios y lo quiera, si no llega al punto de entregar su voluntad a Jesucristo, no hay trato, no hay nuevo nacimiento.

Este concepto del compromiso total de la personalidad (mente, emociones y voluntad) está completamente entrelazado en todo lo que la Biblia enseña sobre una relación redentora con Dios. Pero el hecho de que impregna todo, a veces hace difícil que lo veamos como la verdad central que es. Veamos un ejemplo de las enseñanzas de Jesús. En Juan capítulo 6 Jesús alimentó a los cinco mil. Al otro día sostuvo un diálogo con algunas de estas personas y habló de comer su carne y beber su sangre, diciendo que el que hace esto es el que realmente cree en él.

Ese discurso ofendió a muchos de sus “seguidores”. Dijeron, “Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?” (6:60). Jesús explica, veladamente, que no está hablando de un canibalismo, sino en forma espiritual, y dice, “Pero hay algunos de vosotros que no creen.” (6:64a) Estaba hablando de “creer” en el sentido bíblico, en el sentido de entregarse totalmente a él. El problema de ellos no era que no creían que Jesús podía hacer milagros. Acaban de comer el pan y el pescado. Su problema no era que emocionalmente no estaban animados y deseosos de alinearse con Jesús. Jesús se alejó de ellos el día anterior precisamente porque en su emoción querían hacerlo rey. No, su problema era que no estaban dispuestos a hacerlo Rey de sus vidas.

Jesús dijo, “Ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.” (6:65) ¿Qué quería decir con “venir a mí”? Estaban con él físicamente. Él no estaba hablando de estar frente a él, en su presencia, sino de comprometerse, de entregarse a él y a todo lo que enseñaba. Estaba hablando del asunto de la voluntad.

El problema del hombre rico no era que tenía riquezas, sino que no estaba dispuesto (voluntad) a darle a Jesús el control sobre esas riquezas. Al final del capítulo 9 del Evangelio de Lucas, se relata la interacción de Jesús con tres posibles discípulos. En los tres casos cada uno rechazó a Jesús por problemas de la voluntad. El primero no estaba seguro de que quería comprometerse con una vida tan “inestable” como la de Jesús. El segundo tenía un compromiso con su familia que no estaba dispuesto a sacrificar. El tercero proclamó su deseo de seguirlo, pero no estaba listo para un compromiso inmediato. El problema de estas tres personas yacía en problemas de la voluntad. Dijeron en esencia “Me gustaría, pero no estoy dispuesto.”

Toda invitación a que Jesús entre en la vida de uno es en su fondo una invitación a que sea no solamente Salvador sino también Señor de la vida. Es cierto, Pablo y otros escritores bíblicos describen lo que se conoce como “cristianos carnales”. Casi todos nosotros pasamos por un tiempo de crisis como cristianos en que tenemos que volver a afirmar el señorío de Cristo en nuestras vidas. Pero esas luchas seguramente deben verse más bien como batallas para hacer efectivo en nuestra vida el señorío que le concedimos a Cristo en el momento de aceptarlo como Señor y Salvador. Jesús siempre ha tenido problemas con las personas que se dicen ser seguidores suyos, pero que no han resuelto el tema del señorío en sus vidas: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? (Lucas 6:46)

Una Ilustración

Muchas veces ilustro esto por medio de lo que a mí me pasó cuando conocí a la que sería mi futura esposa. No me llevó mucho tiempo después de conocerla para que me diera cuenta de que ella haría una buena esposa para alguien. Con el paso del tiempo me di cuenta de que ella haría una buena esposa para mí. Tampoco pasó mucho tiempo antes de que me diera cuenta de que había algo más que amistad entre nosotros. Empecé a sentir una atracción hacia ella que con el paso del tiempo iba madurándo en amor. Así que intelectualmente estaba convencido. Emocionalmente la amaba. Pero cuando llegó el momento de tener que decidir si me casaba con ella o no, pasé por una lucha tremenda. No podía comer, ni dormir, ni estudian, ni trabajar durante casi dos semanas porque estaba en una lucha con mi voluntad.

No estaba seguro de que me quería comprometer con una sola mujer de por vida. No estaba seguro de que quería aceptar las obligaciones que tener hijos implicaría. Y sucede que en aquel tiempo hacía poco que la compañía Ford había sacado al mercado su Mustang, y yo quería comprarme uno. No estaba seguro de que podía casarme y comprarme mi Mustang, y ¡de veras que estaba en apuros en cuanto a cuál quería más!

Wilma no llegó a ser mi esposa hasta que yo resolví ese conflicto con mi voluntad. Y Cristo no entra en nuestras vidas hasta que resolvamos ese conflicto con la voluntad. Jesús no acepta ningún rival para nuestras emociones ni para el control de nuestra voluntad.

Cualquier presentación de las Buenas Nuevas que usemos tiene que tocar la personalidad completa del hombre: su mente, sus emociones y su voluntad, y las tres facetas del hombre tienen que estar de acuerdo con una decisión de invitar a Jesús a entrar en la vida para renovar y cambiar su mente, sus emociones y su voluntad. Cualquier método que tiende a ignorar estas tres facetas, especialmente la faceta de la rendición de la voluntad, está destinado a producir profesiones de fe, pero no discípulos.

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